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El hijo imaginado antes del embarazo

El hijo imaginado antes del embarazo

 

Nadia González Mendy

En los tratamientos de reproducción asistida, suele pensarse que el impacto emocional aparece cuando un intento falla o cuando un resultado es negativo.
Sin embargo, muchas veces ese movimiento psíquico comienza antes.

Antes del embarazo confirmado, antes de una transferencia, incluso antes de iniciar un tratamiento, puede existir ya una representación del hijo posible.  Desde el psicoanálisis, sabemos que el deseo no espera la confirmación biológica para comenzar a inscribirse.

Freud introdujo el concepto de investidura para describir el modo en que la energía psíquica se liga a representaciones, objetos o ideas. Una representación puede adquirir consistencia interna mucho antes de tener una existencia material.
En el contexto de la reproducción asistida, algo similar puede ocurrir con la idea de un hijo.
Durante el proceso aparecen anticipaciones: escenas imaginadas, conversaciones posibles, cambios proyectados en la vida cotidiana.

No se trata simplemente de fantasear. Se trata de una forma en que el deseo comienza a organizarse.
Por eso, cuando un intento no resulta, la experiencia no se reduce a un procedimiento médico fallido.
También puede vivirse como la interrupción de algo que ya había comenzado a tomar forma en el mundo interno.

El impacto emocional no proviene únicamente del resultado clínico, sino de la investidura que esa posibilidad había adquirido.

Esto ayuda a comprender por qué algunas mujeres se sorprenden de la intensidad de lo que sienten frente a un resultado negativo.

“Todavía no había embarazo”, dicen.

Y sin embargo, algo se pierde.

Lo que se pierde no es solamente una oportunidad biológica, sino una representación que había empezado a ocupar un lugar en la vida psíquica.

Este aspecto suele quedar invisibilizado en los contextos altamente medicalizados de los tratamientos de fertilidad.

La medicina trabaja con resultados, probabilidades y protocolos. La subjetividad, en cambio, se organiza en torno a significaciones, anticipaciones y vínculos internos.

Cuando el proceso se piensa exclusivamente en términos médicos, esta dimensión puede quedar sin espacio de elaboración.

Reconocer la existencia de esa investidura permite comprender mejor la intensidad emocional que muchas mujeres atraviesan durante los tratamientos.

También permite alojar esa experiencia sin reducirla a una reacción exagerada o a una dificultad para tolerar la incertidumbre.

En los procesos reproductivos, el deseo no comienza con el embarazo.

Comienza mucho antes, en el lugar que esa posibilidad empieza a ocupar en la historia subjetiva de cada mujer.

 

Nadia González Mendy

Psicóloga Clínica

Especialista en  salud mental femenina

Reproducción asistida, maternidad y perimenopausia

 

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